Carrasqueira busca equilibrar orden y naturalidad. Frente a la claridad de las líneas arquitectónicas, el paisaje introduce matices, movimiento y cambios a lo largo del tiempo.
La vegetación se organiza en grandes masas que dialogan con la piedra y el agua, creando escenas que evolucionan con las estaciones sin perder coherencia. El jardín actúa como un elemento de unión, conectando la vivienda con su entorno y aportando profundidad a cada espacio exterior.
Un paisaje pensado para ser habitado con calma, donde arquitectura y naturaleza se complementan sin imponerse una a la otra.

Fotografía: Ruth Gundín
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