Hay lugares que despiertan admiración mucho antes de formar parte de nuestro camino. Bar Boo es uno de ellos.
La intervención nace del deseo de reforzar la relación entre la arquitectura y el paisaje costero que la rodea, respetando la esencia de un lugar donde el mar está siempre presente. La vegetación, adaptada a las condiciones atlánticas, acompaña los recorridos y se integra con una red de pasarelas de madera que guía la transición entre la vivienda y la playa.
Más que añadir elementos, el proyecto busca revelar conexiones ya existentes: entre la casa y el paisaje, entre la vegetación y la costa, entre la experiencia de habitar y la presencia constante del mar.

Fotografía: Ruth Gundín
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