El 22 de mayo cruzamos la frontera con una mezcla de nervios y emoción. Íbamos a Oporto invitadas por Cosentino City Porto para hablar de aquello que mueve nuestro trabajo cada día: el paisaje, los jardines y la manera en que habitamos los lugares. No sabíamos exactamente qué nos esperaba, pero sí intuíamos que sería una jornada especial. Y lo fue.
Nada más llegar, la calidez del equipo nos hizo sentir como en casa. Blanca Antolín, Simón López Comesaña, Luciano, Virginia y Patricia nos recibieron con una atención que solo puede nacer de la ilusión compartida por un oficio. Presentaron su nuevo espacio en la ciudad: un lugar pensado para proyectar con calma, para explorar materiales, ideas y modos de vivir más amables. Un sitio que entiende que el diseño, sea interior, arquitectónico o paisajístico, tiene un impacto real en la vida de las personas.
Poder aportar nuestra mirada, contar cómo entendemos el jardín y su proceso, y compartirlo con un grupo de arquitectos gallegos que se acercaron hasta allí fue, de verdad, un honor. La conversación fluyó con naturalidad, curiosidad y ganas de aprender unos de otros. Esa energía que solo aparece cuando hay vocación en común.
Después de la presentación, nos esperaba una última sorpresa: una visita guiada a la Casa da Música, una de esas obras que recuerdan por qué la arquitectura importa. Caminamos por sus espacios como quien recorre un paisaje construido, descubriendo ángulos, luces y decisiones que cuentan una historia. Fue un cierre perfecto para un día lleno de estímulos y de buena compañía.
Volvimos a casa agradecidas y con la sensación de que estos encuentros, estos pequeños desvíos del camino son los que alimentan nuestro trabajo. Los que nos recuerdan por qué hacemos lo que hacemos.
Gracias, de corazón, a quienes lo hicieron posible.